El bosque y la espiral

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Entre 1956 y 1958 Rafael Lorente Escudero proyecta y construye en el balneario Bella Vista seis casas de temporada, a 85 kilómetros al este de Montevideo. Entre ellas, la suya propia. Lejos de la ciudad, entre la escasez, la distancia y la falta de control, la oportunidad para construir se ofrece para el experimento. Simples ranchos o cabañas a simple vista, proyectadas y construidas de forma sencilla y modesta.
Casa propia, o refugio de temporada, constituyen para el arquitecto un momento especial, donde siendo el mismo el destinatario de la construcción, se permite licencias y ensayos que luego podrá o no incorporar a los proyectos de sus clientes. Como principio de serie, la casa Lorente será la que guíe el desarrollo de este trabajo.
La trayectoria de Lorente Escudero, de prolífica producción pública y privada, exhibe grandes obras. Sin embargo, es el propio arquitecto que realiza un destaque especial a sus ranchos de Bella Vista. Así mismo, ciertos autores reconocen en estas casas de temporada ejemplos de arquitectura atenta a las particularidades sociales, económicas, técnicas y climáticas del país, frente a la aceptación acrítica de modelos foráneos, y su influencia en la generación de arquitectos uruguayos de los años 60. Al mismo tiempo y a pesar de estos datos, se observa la escasa información disponible en las publicaciones que se ocupan de su obra.
Este trabajo tiene como objetivos aportar al conocimiento del proyecto de arquitectura y su práctica por los arquitectos nacionales, y en particular, por un lado el reconocimiento y análisis de los ranchos de Lorente Escudero en Bella Vista, registrando gráficamente las obras, por medio de fotografías y geometrales; y por otro el estudio de estos proyectos a partir de la construcción de un lugar como hipótesis de trabajo, analizando las casas según el paisaje (el bosque), y el espacio (la espiral) a partir de la casa del arquitecto.
Las casas son construidas a pocos años del origen del balneario, allí casi no había nada. Apenas el camino, el bosque, la bolla y el parador de la playa. Las casas vienen a fundar Bella Vista. Inauguran su paisaje, lo nombran y construyen.
Edificar en ese paraje, a 85 kilómetros de Montevideo no era fácil en los años 50. La distancia y la escasez constituyen el escenario. La arquitectura se adapta, se hace, en función de lo existente. Al mismo tiempo, lo transforma. Mano de obra poco experiente, dificultad de transporte de materiales y el bajo presupuesto, llevan a la sistematización de una forma de construir, a la maximización de la economía de recursos. Morar en el bosque distante, implica otro habitar. El descanso del refugio constituye una separación y un reencuentro: la construcción propia del lugar, aislado pero en
contacto con la naturaleza. La vida afuera, habitar el paisaje convertido en lugar cierra el círculo.

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Publicado por | 28 de abril de 2016 - 18:47 | Actualizado: 12 de octubre de 2016 - 16:59 | PDF

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