Comunicación I, II, III y IV

 

Particularmente los últimos treinta años han estado marcados por una redefinición de los objetos de estudio y las especificidades académicas en el conjunto de las Ciencias Sociales. Dentro de esta nueva territorialización académica y profesional, los estudios sobre la relación de los sujetos con las tecnologías de la comunicación y la comunicación visual han ocupado un lugar superlativo, marcados por una constante inquietud en torno a la cuestión de su  influencia, su impacto, su poder de determinación en los comportamientos y cosmovisiones ciudadanas.

Es inequívoco que los medios y los diseños con particular énfasis en el sentido de la vista se han multiplicado, y que frente a cualquier campaña, diseño editorial, publicitario, plan de señales, o sistema de identidad, que pretenda informar o socializar en alguna dirección esperada a un conjunto de ciudadanos, se vuelve complejo su análisis en los simples términos cuasi matemáticos que invitan a distinguir  «un emisor», «un mensaje», «un canal», «un receptor».

Aún son frecuentes y usuales en el mercado, en el campo político y en el de las  políticas sociales, prácticas profesionales basadas en una concepción mecánica de la circulación de mensajes mediáticos, como si a modo de aguja hipodérmica fuesen  “inyectando” ideas a los receptores. Esta práctica usual es la que ha llevado a confundir el simple encendido de un medio con la idea del “impacto comunicacional o informativo”, e inclusive a improvisar sobre la obtención de réditos en términos de “sentido” o posicionamiento de signos.

Por su parte, el entramado social se ha tornado más complejo aún en los últimos cuarenta años, si observamos que los procesos sociales (culturales) y de formación de ciudadanía han estado marcados por la crisis de los agentes socializadores tradicionales (familia, escuela, comunidad barrial), las nuevas exigencias económico-laborales (con la definitiva incorporación de la mujer al campo laboral) y el advenimiento de las nuevas tecnologías de comunicación informáticas y digitales, configurando un cambio permanente en las expectativas y los modos de vida de los ciudadanos occidentales.

Dicha realidad obliga a rever y desarrollar alternativas de conocimiento a los modelos tradicionales de corte lineal, con los que se suele analizar y construir diagnósticos para los distintos fenómenos y procesos socio-comunicacionales.

 Parece entonces plausible y justificable la organización de instancias de estudio para la formación rigurosa y operativa de los futuros profesionales del diseño, a los efectos de analizar y gestionar el impacto de sus productos en tres dimensiones que debemos comprenderlas como un fenómeno integrado “diseño-comunicación- comportamiento” en lo que refiere a la conformación de imaginarios urbanos, gustos, gratificaciones y estructuras de recepción.

Los presentes cursos pretenden generar puentes desde el conocimiento académico al quehacer profesional bajo la premisa de que todo diseño es “un decir” que busca generar acciones o comportamientos concretos, y los conocimientos teórico- experimentales pueden ayudar a predecir el rumbo de los mismos.

Publicado por | 9 de octubre de 2011 - 06:59 | Actualizado: 30 de mayo de 2017 - 16:11 | PDF