Clase tematización 1 (Estetización de la vida cotidiana. Del ver al mirar…al comprender)

En la clase del 19/3, no sumergimos en la temática “la estetización de la vida cotidiana. Del mirar al comprender”, para lo cual nuestro recorrido problematizó la noción de imagen, del mirar y nos introdujo el fenómeno de la estetización de la vida cotidiana.

La imagen es más que un signo icónico, si lo pensamos comunicacionalmente, entendiendo que la mirada es un proceso de codificación de lo que vemos a partir de cierta información. Dicho desde una perspectiva hermenéutica, sin embargo, la imagen es un hermeneuma o interpretación, o sea, la imagen es más que un objeto icónico estático e independiente a sus veedores, ella es más bien un proceso, y, en particular, un proceso de interpelación visual, el cual desde y hacia lo visual atravesamos, por un lado, nuestras capas más naturalizadas de la comprensión de las realidades en las que actuamos y experimentamos también, por el otro, aquellas zonas más arquetípicas de nosotros mismos o, por decirlo de otra manera, más profundas de nuestro inconsciente colectivo, para usar la expresión y el concepto psicoanalítico de Carl Jung.

La problematización de la extendida y a veces preponderante concepción de la visión como proceso de codificación meramente fisiológico nos llevó a la problematización de la mirada poniendo en juego para esto las dimensiones individuales y culturales o contextuales en las que del diálogo visual con las imágenes emergen sentidos con los que entramos en conflicto o con los que nos encontramos validados en nuestras experiencias.

Si bien hay dimensiones que exceden al discurso, o lenguaje en términos generales, no planteamos una perspectiva psicologista, es decir, una manera de entender la imagen puramente psicológica. Además de dimensiones psicológicas individuales y colectivas, también es posible tener una perspectiva discursiva acerca de las imágenes, una que considere los tránsitos epocales de occidente. Para decirlo una vez más, introducirse en una idea compleja de la noción de imagen nos fue llevando a hacernos preguntas acerca de la mirada e introducirnos en campos o territorios interdisciplinarios, dentro de los cuales abordamos la noción de régimen escópico o régimen del ver, nos introdujimos en las nociones de paradigmas epocales de Esther Díaz, también la tipología tripartita1 de las imágenes de J. J. Wunenburger y la noción de arte pre-renacentista de Hans Belting.

De acuerdo a Michel Foucault, en su período más estructuralista (Las palabras y las cosas y La arqueología del saber), la episteme moderna, que Esther Díaz reconfigura a través de T. S. Kuhn como el paradigma epocal moderno, disocia las palabras de las cosas. El universo organizado por simpatías, como en la magia o en el mundo de augurios, un mundo de asociaciones propio de la época pre-moderna2 se quiebra en sistemas de signos (matemáticos) o en sistemas simbólicos de taxonomización (las ciencias naturales, como la botánica o la zoología organizando a través de nombres en latín un universo de plantas y animales clasificados en géneros y especies), propio del paradigma epocal moderno. Esa diferencia entre epistemes (condiciones de emergencia de discursos sobre la verdad, el mundo o los mundos, lo bueno, lo malo, lo socialmente distinguido o no, etc.) son aún el parteaguas de dos maneras de comprenderse socialmente. En el arte vimos que es posible notar más fácilmente esas perspectivas epocales en contrapunto con la tipología de las imágenes de Wunenburger.

Especialmente, a partir de una pregunta de Lía pensamos especialmente las relaciones entre el concepto de imagen y el concepto de representación.

Ella se preguntaba por las diferencias entre imagen y representación en el contexto en el que se ponía en juego la noción de representación y la mirada, según Guy Le Gaufey: la imagen busca generar un impacto, y a partir de nuestra vivencia de ella buscamos posibles procedencias del modo de mirar. Pensamos con él que la querella de iconoclastas e iconódulos generó un modo de ver (régimen escópico) particular: la mirada que no choca con la imagen sino que busca algo más: mirar y ser mirado por la divinidad. En la imagen encontramos, como pensamos unos minutos después, una vivencia dialógica en la que interpelamos y nos interpelamos a partir de nuestro encuentro con la imagen.

Asimismo, consideramos imágenes de Durero y Velázquez en las que nos introdujimos en la idea moderna, sobre la que volveríamos hacia el final de la clase con Nietzsche, de un mundo como fábula. Precisamente aquí es que nos introdujimos más intensamente en la distinción entre imagen y representación, sobre lo que Lía se había preguntado. Una pintura del ordenamiento geométrico en el que la búsqueda, propiamenente moderna, intenta ser la realización de una plena representación. Mientras que la imagen excede de algún modo la referencia (pensemos en nuestro imaginario de unicornios y su inexistencia en nuestras coordenadas epocales, porque en nuestro mundo el unicornio es ya un ser de ficción o fantasía) y además, en el mundo epocal premoderno viene asociada a la unidad indisociable de todas las cosas, en el mundo moderno, sin embargo, la representación emerge de la pretensión de dominio (asociada al progreso ético, político y tecnológico) que a través de las matemáticas, las ciencias naturales y sociales produjo un mundo como sistema (una imagen del mundo, como vimos con Heidegger el semestre pasado). Este régimen moderno del ver, o régimen escópico moderno, se encuadra, entonces, en una episteme o paradigma epocal, en el que como en la pintura perspectivista, el hombre occidental pretende la construcción de una imagen científica del mundo, la construcción y defensa de un ordenamiento de “lo real” a través de signos y símbolos con capacidad de clasificación.

El tercer régimen escópico a través del cual nos enfrentamos a un también tercer paradigma epocal fue el posmoderno. El régimen escópico o modo de ver posmo/tardo/sobremoderno nos ubica tanto desde Vattimo como desde Nietzsche en las crisis del proyecto moderno o, como diría también Foucault en las narrativas diversas de lo moderno. Desde el primero, y en consonancia con el arte que para el romántico pasaba a ser la propia vida (el culto al productor o genio en el arte romántico tanto como a sus obras) y el proceso de apertura y vuelco del arte contemporáneo a través de gestos como los del urinario de Duchamp, el mundo cotidiano o de la vida es un mundo estetizado. Y a través del segundo, Nietzsche, pensamos la ruptura de la idea de mundo, en sus críticas al cristianismo, a Platón, a Kant y al positivismo. Cuando construido por la idea de representación o imagen del mundo (tal como vimos con Heidegger el año pasado) pensamos que las distintas realidades y modos de ver confluyen en una única realidad, según Nietzsche, esas mismas realidades son absorbidas en una imagen del mundo (una fábula), de lo cual al disolverse o liquidarse, para Nietzsche, la idea de lo real – algo más allá de nuestra manera de comprender el mundo – tampoco sobrevive la idea de una apariencia de lo real, porque no hay mundo al que referirse y determinar realidades y apariencias. Esta puesta en duda del mundo moderno, abre todo un panorama acerca de nuestra relación con las imágenes, porque ¿cómo aproximarse a las imágenes en un mundo que ya no es un único mundo, sino varios, y en los que se resquebraja la legitimidad o fundamento de los valores modernos (verdadero, correcto, bueno, feo, etc) conectados con la unidad de la razón, la unidad del sujeto y la unidad del mundo?

Desde esta perspectiva hermenéutica, la mirada se produce en dos direcciones en un proceso dialógico y, por otro lado, también se produce en el reconocimiento o la experiencia de lo desemejante, tal como pretende Lacan. Por lo primero, la imagen es el proceso de encuentro visual en el que resultamos interpelados a través de un ícono, pero que es más que un mero ícono u objeto-imagen con sus sus formas y contenidos de aparente objetividad, porque en ella se produce un recorrido de sentidos e interpretaciones que involucran al individuo o lo singular de cada uno de nosotros, pero también a la sociedad, su historia, sus fundamentos metafísicos o episteme o condiciones de sentido. Así, en las posturas del Éxtasis de Santa Teresa de Gian Lorenzo Bernini, Gonzalo se encontró no con una imagen muerta de la escultura, sino que puso en juego su rememoración del cine y hasta podríamos decir reconoció e historizó en el Éxtasis un modelo postural de determinadas escenas del cine bélico (el asesino y el asesinado). Análogamente, en la proximidad de nuestra vida cotidiana, Gonzalo nos hizo pensar acerca de la disposición de la columna de Djemila3 que corona el lateral de la escalinata del edificio central de nuestra Facultad: lo moderno intentando recuperar lo antiguo, haciéndolo historia, presentándolo o exhibiéndolo públicamente.

Por lo segundo, porque, como cuando nos vemos a nosotros mismos en el espejo, no vemos una constante o un patrón de lo siempre igual de nuestros rostros sin posibilidad de sorpresa alguna. Más bien nos reconocemos en aquella disonancia entre lo que creemos que nos inconiza en el espejo (nuestra imagen asumida de nuestra cara) y lo que encontramos en un movimiento de sentido que se corre de esa imagen que asumimos tener de nosotros mismos, experimentando, por lo tanto, una extrañeza en lo familiar, que, como le ha llamado Sigmund Freud, es lo “ominoso”.

En este decurso que fuimos construyendo, asimismo, se nos presentó la pregunta por lo que engloba el concepto de interpretación, en vistas de que, como observó Carolina, el cerebro ordena, clasifica, determina, coteja, mide, ¿el cerebro naturalmente interpreta, las interpretaciones no son todas contextuales y culturales o dependientes de una episteme o régimen escópico? Es precisamente el discurso moderno, agazapándose en nuestros modos de entender la visión, el que nos hace pensar en un cerebro naturalizado, independiente de las redes culturales, de los deseos, de las condiciones epocales de nuestros valores. Allí pensamos el caso de Descartes para quien las representaciones deben ser ordenadas por la razón, a través de la geometría, para constituir un conocimiento fundado finalmente en los cimientos de todas las representaciones, el yo (“yo pienso, luego existo”) o en el caso de esquimales cuya visión que tendemos a pensar natural es muy distinta a la nuestra en la percepción de tonos próximos al blanco.

Este complejo recorrido hecho en clase nos condujo, en parte, al planteamiento de la exploración de campo. En la exploración de los espacios de trabajo (Sinergia, Escaramuza, etc) encontrarán y explorarán hermenéutica, formal y comunicacionalente una serie de imágenes (imágenes significativas) y reflexionarán acerca de distintos modos de la mirada (régimen escópico), modos de mirar, que desde el contexto de desarrollo temático de nuestra clase del 19/3, comprenden más que el funcionamiento de un nervio óptico, un geniculado lateral o una porción de la corteza cerebral. Los modos del ver, claves para aproximarse a una noción de imagen como enjambre de interpretaciones, emergerán en un juego de interpretaciones y sentidos al aproximarse a las formas de vida de estos espacios de encuentro. La dimensión interpretativa del mirar, pero también la comunicacional y formal, estarán presentes en nuestro curso de aquí en más.

Clase

clase 1 estetización, ver mirar comprender, y trayecto de la mirada

Materiales utilizados

NIETZSCHE FRIEDRICH – Crepusculo De Los Idolos

Le Gaufey, Guy – El Lazo Especular

Pensar-la-imagen-Santos-Zunzunegui-pdf

cap-1-la-vida-de-las-imagenes-wunenburger

La-Imaginacion-Simbolica-Gilbert-Durand

1La tipología (los tres tipos de imagen) que nos propone Wunenburger es una ayuda a partir de la cual podemos pensarnos, pero no por eso, sin embargo, nuestra vivencia cotidiana de la imagen es tan estática y rígida como una definición. Más bien los tres tipos de imágenes se solapan, se entremezclan, de muchas maneras en nuestra vivencia cotidiana de las imágenes.

2Pensemos por ejemplo los rituales de la magia simpatética o en la noción de eficacia simbólica que estudian los antropólogos: los rituales vudú de insertar agujas en muñecos que se asemejan o intentan asemejarse a las víctimas del rito o también la psicometría, según la cual asumiendo la presencia del portador de un objeto, en ese determinado objeto es posible encontrar a la persona a la cual le pertenece.

3Para saber la historia de la llegada de esta columna puede verse: https://www.raicesuruguay.com/raices/manda_bernadet.html

Publicado por | 30 de marzo de 2018 - 18:20 | Actualizado: 15 de marzo de 2019 - 21:43 | PDF

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