«El instante Chandigarh». Despedida del Viaje de Arquitectura
Por MSc. Arq. Fernando García Amen

Instante-Chandigarh

 

…y finalmente llegó París, y con ella también mi punto de retorno, mi desvío personal; ese lugar en donde mi convergencia espacio-temporal con el grupo alcanzó su meta y luego de desvaneció para dar lugar a nuevos compañeros, nuevos enfoques y nuevos viajes.

El regreso es también parte del trayecto; acaso la parte menos ansiada o la menos deseada. Pero regresar es dar el justo cierre a un ciclo de la vida, habiendo capitalizado con fruición la experiencia obtenida. Viajar es desplazarse, física y mentalmente, en una o varias direcciones. Y ciertamente el viaje continúa, ahora con nuevos rumbos y nuevas dinámicas colectivas.

Mientras pensaba en escribir mi mail de despedida, se materializaron en mi mente varios recuerdos de hechos o instantes que caracterizaron al bloque asiático. Y pensé en rememorar las visitas guiadas de Tokyo, la recorrida por la Universidad Keio o la charla de Zaera-Polo; también pensé en refrescar el ascenso a la Gran Muralla, los olores de la China, la ida a la plaza Tian An Men o los rascacielos de Shanghai; luego de eso, me di cuenta de que sería también justo hacer mención a la Bahía de Halong (¿playa o kayak?), al gran Lino, su voluntad total de cooperación y su «mausolehochiminh», y al frustrado acceso a Bamboo Wings por las costumbres de los gobernantes vietnamitas; sin convencerme del todo, quise apelar a la visita al estudio de Bangkok, a la paz del Río Kwai y su hotel flotante, y a la ida nocturna a la selva de Kanchanaburi, con el «oso tailandés» (Dalmonte dixit), y la víbora de metro y medio que descubriera la linterna del Nico Pastorino; consideré necesario también hablar de Chuta cuando casi se cae al río, de Sonia y de Felipe, de Dileep, del calor sofocante de Hong Kong, de la subida al Fuerte Amber en elefante y de los infinitos mercados que surgen en Asia; aun indeciso, fui consciente de que no podía dejar fuera el recuerdo de Jaipur («oye mira mono»), la partida de la India, ni mucho menos al inefable «Mamosito» de Dubai; justo era también mencionar la Gran Pirámide («hola hola coca cola», «hasta la vista turista»), la exacerbada -y justificada- seguridad de Egipto, el aire noble que se respira en Sultanahmet, o las infinitas postales del Bósforo; y por supuesto, no podía faltar una referencia a la desesperación de los griegos en contraste con la paz del Egeo, las paredes blancas entre las rocas de las Cícladas, o el goce espiritual de llegar finalmente a la ciudad luz, la puerta grande de Europa.

Pero entre tanto recuerdo solapado que se construye y al tiempo se desdibuja entre los jirones de la memoria, aflora uno que quizá sea representativo del bloque y del sentir grupal. Decidí llamarlo «el instante Chandigarh».

Decía más arriba que el regreso es también parte del trayecto. De Chandigarh partimos una tarde de Julio, luego de haber visto la obra del Cuervo y el accionar del monzón. Era nuestra última noche en la India y las seis horas del regreso a Delhi prometían un desafío duro a la paciencia, pero entre cantos, trucos y ajedrez, se hicieron más que amenas.

Fue en un punto entre Chandigarh y Delhi donde los tres ómnibus nos detuvimos. Alguien preguntó si ese era un lugar importante, si era un sitio sagrado o si Buda había pronunciado un discurso allí. Pero lo cierto es que era un punto cualquiera. Un punto de parada técnica que marcaba nuestro regreso a Delhi y con esto también nuestra despedida de la India. En ese punto cualquiera, en la ruta entre Chandigarh y Delhi, surgió espontáneamente un hecho que determinó la pervivencia del momento: el recuerdo captado e inmortalizado por la cámara de ese instante en el que estuvimos todos juntos, mirando en la misma dirección, acompañando así la ruta de nuestro regreso.

Si tuviera que elegir un instante para representar la experiencia del bloque dos, sin dudas elegiría este. Por su valor simbólico como alegoría del viaje y por ser una muestra fiel del espíritu del grupo. Al viajar no solo nos estamos yendo. También estamos al mismo tiempo regresando: al origen y al destino, al punto que cierra el círculo, al final que coincide con el inicio. El «instante Chandigarh» es, pues, apenas un momento. Un punto arbitrario del tiempo que, captado o registrado, muestra que todos supimos ser uno.

Desde la distancia seguiré los viajes de todos mediante FB, mails o lo que consideren oportuno. Y por supuesto, siempre tendré conmigo el recuerdo de los 61 días compartidos. Quiero agradecer a todos y cada uno de los integrantes del grupo por haberme incluido en este viaje y en este regreso, por haberme hecho parte de esta burbuja genial que fue el Viaje de Arquitectura 2015, y desearles que existan muchos más «instantes Chandigarh» en el devenir de los meses restantes.

Un gran abrazo, y hasta siempre,
F.

Publicado por | 2 de agosto de 2015 - 11:20 | Actualizado: 2 de agosto de 2015 - 11:24 | PDF

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