SÍNTESIS. Algunos temas que atravesaron las distintas intervenciones

SEMINARIO-TALLER: LA PRODUCCIÓN DE VIVIENDAS POR SISTEMA COOPERATIVO EN EL URUGUAY DEL S XXI

 

En el marco de programas de investigación impulsados por la Unidad Permanente de Vivienda, el programa I+P (investigación y proyecto) del DEAPA y el Laboratorio de Arquitectura Montevideo (MVDlab), acompañando la inquietud de un grupo de estudiantes y egresados que han puesto el tema en debate en la Facultad, se organizó un seminario para  abordar con una mirada crítico-propositiva apoyada en la investigación proyectual, la producción de viviendas por el sistema cooperativo en el Uruguay contemporáneo.

Se reconoce la necesidad de que nuestra Facultad impulse –en un proceso que involucre a múltiples actores– la relectura de un proceso históricamente reciente y reconocidamente exitoso, como forma de producir un conocimiento socialmente útil, que alimente nuevas prácticas y políticas. El hecho de que el 50% de la inversión pública en vivienda se destina actualmente al financiamiento de cooperativas, la ausencia de una revisión crítica del sistema, algunas alertas surgidas en distintos ámbitos en torno a desajustes del modelo en relación a las condiciones de la contemporaneidad, hacen de éste un tema relevante.

Se propusieron 4 mesas de debate en torno a distintas dimensiones de reflexión: vivienda y ciudad (1), el espacio habitable y los imaginarios en relación a la vivienda (2), las relaciones proyecto/tecnología/gestión (3) y el modelo de gestión y los marcos normativos (4).

Luego de estas mesas se desarrolló un taller de investigación proyectual en el cual tres equipos compuestos por estudiantes de grado y posgrado y jóvenes egresados, tomaron algunos de los desafíos surgidos en las mesas como hipótesis para una exploración proyectual tendiente a introducir ajustes e innovaciones en el proyecto de cooperativas de vivienda.

Los panelistas participantes fueron el Arq. Edgardo Martínez, el Arq. Diego Capandeguy y el Arq. Salvador Schelotto en la mesa 1; el Psi Jorge Larroca, el Arq. Gonzalo Guevara, el Arq. Luis Oreggioni, el Arq. Bernardo Martín y el Dr. Eduardo Álvarez Pedrosian en la mesa 2; El Arq. Walter Kruk. El Arq. Duilio Amándola, La Arq. Elbia Palomeque, el Arq. Delmiro Ferrón y el Arq. Gonzalo Guevara en la mesa 3 y el As. Soc. Gustavo Machado, la Arq. Teresa Buroni, el Arq. Gonzalo Morel y el Ing. Benjamín Nahoum en la 4.

Los talleres de proyecto fueron dirigidos por los Profesores Arq. Alejandro Baptista Vedia, Conrado Pintos y Ulises Torrado quienes contaron con la colaboración de los Arq. Fernanda Ríos, María Lezica, Juan Luis Urretta, Alejandro Baptista Acerenza, Lucía Bogliaccini, Diego Pérez, Jorge Casaravilla, Daniella Urrutia y Constance Zurmendi (profesores de proyecto que participan del posgrado MVDlab).

La propuesta y coordinación del seminario estuvo a cargo de los Arq. Héctor Berio, Alina del Castillo y Raúl Vallés.

A modo de resumen se mencionan algunos temas que atravesaron las distintas intervenciones.

Se planteó el impacto cuantitativo y cualitativo que la producción de vivienda tiene en la construcción de la ciudad, tanto en su configuración como en las dinámicas urbanas, lo que lleva a tener que pensar las intervenciones en términos urbanos. Se constata que hoy Montevideo presenta un déficit de ciudad aún más grave que el déficit de vivienda: la ciudad se expande indefinidamente con bajísimas densidades que hacen insostenibles los servicios y multiplican los costos de las infraestructuras, mientras que las zonas intermedias y centrales sufren procesos de degradación y vaciamiento. La especulación descontrolada excluye a las cooperativas de ciertos sectores de ciudad. La fragmentación socio-territorial tiene graves y evidentes consecuencias en la desintegración social y en los problemas de convivencia.

En esta segmentación socio-urbana, se produce un debilitamiento del espacio público como lugar de encuentro y negociación entre los distintos grupos que integran la sociedad, aprendizaje imprescindible para la construcción de ciudadanía.

La intervención con cooperativas en áreas centrales e intermedias de la ciudad, dotadas de servicios y fácil acceso a las oportunidades que brinda la vida urbana, implica actitudes proyectuales diferentes en los distintos contextos, que ofrezcan alternativas estimulantes a las soluciones de dúplex apareadas características de los conjuntos cooperativos.

Intensificar la vida urbana implica aumentar razonablemente la densidad en las áreas que lo admiten, consolidando los tejidos residenciales existentes. Una ciudad más compacta es condición necesaria para la mejora de los servicios, de los espacios públicos, del mobiliario urbano y los equipamientos colectivos, acciones necesarias para una ciudad más democrática, plataforma para el desarrollo social.

Intervenir en áreas centrales implica dificultades en el acceso al suelo, limitación en la escala de los conjuntos debido al tamaño de los predios, lo que implica un peso aún mayor del costo del terreno, de la estructura, del salarios de capataces y mayores costos operativos, que en su conjunto superan ampliamente las consideraciones porcentuales contempladas en el financiamiento (por ejemplo, el aumento del monto previsto para la instalación de ascensor).  Se plantea que estas consideraciones deberían ser tenidas en cuenta por el ministerio y la ANV quienes podrían convertirse en agentes de una verdadera renovación urbana.

Se plantea también en varias oportunidades la necesidad de superar las soluciones habitacionales uniformizantes en favor de proyectos que habiliten la participación del usuario en la configuración final del espacio habitable.

La des-especialización de los espacios, la importancia de dotar a cada unidad del máximo de espacio posible (que es una condición que en principio no se puede mejorar a posteriori) aún en detrimento de algunas terminaciones, los ambientes integrados a ser divididos por el usuario, los espacios de negociación cuyo uso puede ser definido en acuerdos entre vecinos, los espacios para el trabajo asociados a la vivienda, las intervenciones que involucren a más de un padrón, son innovaciones posibles y deseables que chocan con los marcos normativos vigentes, la ley de propiedad horizontal y los reglamentos de producto que regulan exhaustivamente todos los aspectos cuantificables. Este exceso de regulación que obliga a una definición funcional estricta de cada local habitable es un chaleco de fuerza que bloquea la innovación sin garantizar una mayor calidad en términos de habitabilidad, como lo demuestran numerosas exploraciones proyectuales internacionales.

Se plantea también que el tipo dúplex apareada con frente y fondo es un modelo que está muy fuertemente arraigado en el imaginario de los cooperativistas y que eso genera dificultades para el desarrollo de proyectos innovadores o para la aceptación de propuestas en altura o en alta densidad. Se entiende que el rol de los arquitectos es fundamental en el sentido de explorar propuestas alternativas que propongan otros escenarios posibles, con cualidades y calidades tanto o más atractivas que la del tipo mencionado.

Se anota la aparente contradicción entre la fuerte apuesta a lo colectivo implícita en el proyecto cooperativo y la imagen de vivienda individual (agrupada) a la que aparece fuertemente asociado.

Se destaca el rol del proyecto en la innovación en los modos de producción de la obra en relación con un modo de gestión, sobretodo en el caso de ayuda mutua que impone fuertes condicionantes al proceso. En todo caso, el proyecto tiene la capacidad y obligación de proponer alternativas, las decisiones son de la cooperativa y es imprescindible que ésta entienda y se apropie del proyecto para defenderlo y llevarlo adelante con éxito. El proyecto social es tan importante como el proyecto arquitectónico y por eso es imprescindible el trabajo interdisciplinario sostenido y responsable.

Se ha hecho mucho énfasis en la importancia de incorporar sistemas constructivos y componentes que permitan acortar los plazos de ejecución y mejorar los controles de calidad. Se concuerda en que ésta es una articulación que debe hacerse desde el proyecto, basándose en la combinación de sistemas y productos, sistemas abiertos que permitan incorporar componentes de distintos proveedores y no sistemas cerrados que dejen a las cooperativas como rehenes de monopolios empresariales. El empleo de sistemas mixtos que combinen la obra tradicional con la incorporación de componentes industrializados, puede ser un factor que colabore a alivianar la tarea de los cooperativistas. Es importante buscar la forma de valorizar el aporte de mano de obra de los cooperativistas mediante su capacitación en tareas especializadas, de manera que el 25% a alcanzar no se compute en horas de peón (lo que resulta en una cantidad de horas muy importante que incide fuertemente en al plazo de ejecución). La experiencia de la participación en la gestión y construcción de su hábitat es para el cooperativista una experiencia formativa y que genera empoderamiento, fundamentalmente por la toma de decisiones, y no necesariamente por el desarrollo de tareas de obra pesadas. Hay que trabajar para superar la idea de que el acceso a la vivienda tiene que ser un camino de sacrificio y sufrimiento.

Actualmente, en una situación de casi pleno empleo, es imposible para la mayoría de las familias cumplir con el aporte de horas de trabajo en obra exigidas y es mucho más razonable en este caso, que las tareas de construcción las realicen obreros idóneos. Hay que habilitar modalidades mixtas que tengan en cuenta estos factores. No hay que olvidar sin embargo, que el sistema de ayuda mutua significa un ahorro considerable, del orden del 50% del valor de la mano de obra total.

En un contexto en el que se bajó al 10% el ahorro exigido para los préstamos en el caso de las cooperativas de ahorro previo, es razonable esperar que el mismo criterio se aplique al aporte en ayuda mutua exigible, que podría bajar del 25% al 10% en razón de las consideraciones anteriores.

Es necesario flexibilizar el modelo para que se adapte a las condiciones del momento actual.

En los 45 años que transcurrieron desde los comienzos del cooperativismo de vivienda, ha habido cambios culturales, económicos, sociales, que implican nuevos modos de habitar, mayor dinamismo en los procesos familiares, menos cultura de trabajo colectivo, cierta desvalorización del trabajo manual, priorización de lo individual, cambios en las convivencia ciudadana, nuevas formas de urbanidad, que hacen necesaria la flexibilización del modelo original y de los marcos normativos que lo regulan para asegurar su supervivencia, permitir su adaptación a las condiciones de contexto contemporáneas y profundizar su potencial en la generación de soluciones habitacionales de calidad que colaboren en la construcción de la ciudad democrática.

 

Publicado por | 14 de junio de 2013 - 16:47 | Actualizado: 30 de junio de 2013 - 22:01 | PDF

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