EDIFICIO GILPE

Eustaquio Gil Pereira, rico comerciante del interior del país, le encarga este edificio a García Pardo sin imponer condiciones económicas. Esto le permite al arquitecto realizar algunas experimentaciones y propuestas que excedían el marco general de este tipo de emprendimientos, aún cuando el promedio general de los edificios de esa época sea de muy buena calidad. En primer lugar, García Pardo incorpora un cerramiento vidriado de piso a techo en cada uno de los niveles, con una carpintería de aluminio novedosa en el medio (el arquitecto afirma en sus entrevistas que se trata de la primera fachada con aluminio en edificios en altura). Para el cerramiento vidriado, con el que seguirá experimentando posteriormente y que se transformará en una marca de su arquitectura, utiliza vidrios especiales importados de Alemania, con una característica coloración verde. Para acondicionar térmicamente las unidades recurre a otra novedad: la losa radiante eléctrica.

Finalmente, y como ocurre en algunos edificios anteriores (por ejemplo el San Martín en Ciudad Vieja), propone la integración de obras de arte en la planta baja del edificio (en el acceso y en el jardín posterior). El edificio posee ocho niveles sobre planta baja. La planta tipo, del primer al séptimo piso, tiene dos apartamentos (frente y contrafrente). El área y la distribución es igual en todos ellos, pero los apartamentos al frente cuentan con una gran terraza (7,80 x 3,50 m) sobre el estar-comedor, mientras los del fondo tienen balcones en el estar y los cuartos. Todas las habitaciones tienen generosas dimensiones, incluso el estar-comedor es ampliable si se abre la puerta corrediza que lo separa del dormitorio contiguo. El piso octavo presenta dos apartamentos más pequeños con amplias terrazas, uno de los cuales fue utilizado por García Pardo como estudio profesional. Tal como figura en archivos de la donación1, García Pardo se queda con éste y otros dos apartamentos, mientras Gil Pereira ocupa uno de ellos y reparte otros cinco entre sus hijos.

El acceso y hall del edificio plantea una gran espacialidad que da un marco adecuado al mural realizado por Vicente Martín y es jerarquizado por el mismo. En jardín, situado en la parte posterior, fue diseñado por el artista y paisajista brasileño Roberto Burle Marx, quien también realizó una obra en cerámica sobre uno de los muros.

1 Donación realizada por la familia del Arq. Luis García Pardo al Instituto de Historia de la Arquitectura, en el año 2007