Clase 2: El proyecto en la génesis del discurso moderno (1era parte)

Apuntes tomados por la Lic. Mariana Picart

En la clase del 28 de agosto comenzamos a trabajar con los contenidos del curso, en lo que corresponde a la primera parte de la tematización 1 (El proyecto en la génesis del discurso moderno). En la clase del 4 de agosto se trabajará a nivel práctico para bajar las herramientas conceptuales desarrolladas al campo del DCV.

La idea es bordear ese acontecimiento discursivo que es el proyecto, a partir de un abordaje poliédrico que toma herramientas conceptuales de distintos ámbitos de producción de saber (filosofía, epistemología, psicoanálisis, semiótica, etc.) —en articulación desde una perspectiva discursiva— y que nos posibilita pensar problemáticas vinculadas al Diseño de Comunicación Visual.

Nos vamos a concentrar en este semestre en nociones medulares organizados según contenidos metodológicos. En el semestre que viene vamos a organizar los contenidos según la imagen.

Noción de episteme

Comenzamos desarrollando la noción de episteme que nos trae en su texto “Las palabras y la cosas” Michel Foucault — pensador francés, que falleció en el 84, y que produjo su abordaje filosófico en un punto de fuga de dos modos de abordar y entender al mundo: la fenomenología y el marxismo— como “el marco teórico para la producción de discursos considerados verdaderos en determinados momentos históricos”. Es decir como aquello que hace que las cosas sean verdaderas en cierto espacio y tiempo, como aquellos fundamentos verdaderos que se dan según un contexto, un momento, un lugar.

Esa “bolsa” se constituye a través de ciertas prácticas sociales que están organizadas según ciertos fundamentos, según ciertos saberes que son considerados sólidos, serios, confiables. Esos saberes hacen que las prácticas tengan sentido. Prácticas que están por fuera de un logos (discurso) ordenador, que están jugando en esos ordenamientos cotidianos del lenguaje, de los hábitos, de las leyes, etc. Por ejemplo: la práctica de los piqueteros aparece en ciertas condiciones sociales, políticas, económicas.

De ese modo el lenguaje genera identidad, da cuenta de formas de pensar el mundo, de las representaciones que tenemos de las cosas.

Foucault tensa esa producción de saberes a partir de la incorporación de la noción de poder. No solo encontramos un orden que organiza prácticas, sino que encontramos ciertas relaciones de poder (campo de pugnas, de conflictos, de choque de fuerzas discursivas) que están en movimiento y que generan alianzas, tácticas y estrategias, y que hacen que aparezca algo como singular. Pensemos en lo que va apareciendo en relación a lo estético, al DCV. Podemos pensar al diseño como emergente discursivo de prácticas sociales, que juega dentro de ciertas relaciones de saber-poder.

Noción de paradigmas epocales

Una noción que se emparenta –de algún modo- con la de episteme es la de paradigma epocal. La traemos de la epistemóloga argentina Esther Díaz. La misma conjugó la noción de paradigma de Kuhn y de episteme de Foucault y conformó una clasificación de modos de pensar el mundo, que incluye un mundo antiguo o pre-moderno, uno moderno (que es el que nos interesa arribar particularmente en este curso para pensar el diseño y lo estético) y uno pos-sobre-tardo-moderno.

La constitución de ese mundo diferente (pre-moderno) se rompe, empieza a tener inflexiones a partir de la emergencia de ciertos discursos vinculados a otra forma de pensar y habitar el mundo. La posibilidad de un orden variado de cosmovisiones del mundo (de los griegos, de los medievales, de una diversidad de culturas) no está en este mundo moderno. Se pasa de un mundo indiferenciado a uno diferenciado.

Aparece, así, un mundo de la razón, del progreso, de la técnica, del bien para todos, de la investigación, del mundo de la verdad metafísica, etc. El mundo es representado a través de la perspectiva. Y es el arte que nos da la clave en ese sentido. Representación del mundo a partir de la imagen, de un ordenamiento binario (sujeto/objeto, adentro/afuera, bien/mal, etc.). Representación de lo que esta fuera de mi. Ahí se genera un estatuto de verdad: ¿Es Cristo el Cristo de Mantegna?

Y en cuanto al mundo posmoderno se establece un vinculo crítico con el discurso de la modernidad, de lo que produjeron los ideales modernos (holocaustos, guerras, muertes, etc.). Se produce una crisis del modelo moderno, de ese habitar moderno (formas de esclavitud, de contaminación, de luchas sociales). Los posmodernos se preguntan por los beneficios de ese habitar moderno. Se dan cuenta de que la ciencia no es el único modo de producir conocimiento y ponen en crisis los modos de hacer historia (historia de la civilización, de las ideas) de un modo lineal, progresivo, evolutivo, universal . No es cuestión de hacer una historia (general y verdadera) del arte, del diseño, de la imagen.

La matriz discursiva moderna

Entonces tomando como foco lo discursivo fuimos al encuentro con la matriz discursiva moderna, con el proyecto moderno— a través de la propuesta de Warburg -y su búsqueda de los orígenes de la modernidad en el quattrocento- y de una caza de citas -de prácticas diferenciadas, con distintos puntos de interés- de ese mundo imaginario que conocemos como Barroco (SXVI y XVII), de modo de poder interlocuir con esos discursos (enunciados) a partir de una actualización de los mismos en nuestro presente, de poder identificar las discursividades ligadas al proyecto moderno como paradigma civilizatorio.

Warburg y los orígenes de la modernidad en el Quattrocento

Warburg fue un psico-historiador de arte alemán, de origen judío, que termina exiliado en Inglaterra con su biblioteca y colección de imágenes, y que fue el que abrió al modo iconológico de comprender la imagen. Interesado en la cultura clásica occidental propone, a principios del siglo XX, un método de investigación heurística sobre la memoria y las imágenes. De ese modo realiza una indagación de imágenes de su época en articulación con imágenes pretéritas —a través de la definición de territorios de investigación de lo civilizatorio, creando sus métodos para ver las estratificaciones, las creencias, los modos de producir conocimiento, etc.— para ver que es lo que sucedía en la imagen en su momento. Armo grandes paneles de mapas de imágenes relacionadas (Atlas Mnemosyne) encontrándose con un hombre del Renacimiento que tenía un modo de expresar su aquí y ahora en sus imágenes, influenciado por la imágenes del paganismo pretérito. Llegó así a ver cosas que tienen que ver con elementos de las representaciones clásicas: el movimiento representado por los pintores. Warburg entonces, a partir de una actividad obsesiva, pudo ver los ritornelos que se repetían en la imagen . Pudo ver en las imágenes del quattrocento que las líneas de movimiento tenían que ver con el pathos (conmoción), con el movimiento, con lo vital, lo existencial, lo dionisíaco. Vio que tenía que ver con la imagen de las ninfas de ese paganismo, con los cortejos de Dionisos. Se producen ciertas hipótesis que tienen que ver con lo que se esconde, con la intensidad del pathos vital. Eso es claro en Boticelli en los cabellos en movimiento de Venus. No hay una intención del pintor de hacer una síntesis del movimiento sino de darle realidad al movimiento. En el quattrocento aparece una representación del mundo que se empieza despegar de la Iglesia, de Dios, hay un hombre que quiere conocer los que está a su alrededor después de crisis, de la declive de las urbes. Lo que logra comprender Warburg, a partir de esa pesquisa de imágenes en las que se introduce el movimiento, es que en ese Renacimiento el hombre se para desde ese encuentro con lo vital, desde la resistencia y comprende que se esta viviendo en un tiempo en que las ninfas siguen siendo perseguidas por ese dios que las quiere atrapar.

A la caza de citas: el hombre moderno del Barroco (S XVI y SXII)

A partir de una caza de citas, un poco caprichosa, nos ubicamos imaginariamente en esos mundos modernos, de modo de encontrarnos con enunciados epocales, con valores modernos, y además como de ver algunas posibles proveniencias de esa matriz discursiva que llega a nosotros.

Fuimos al Barroco del rey Luis XIV (que dice que el Estado soy yo), de esos grandes jardines organizados (Versalles) y de esas fuentes, de pintores como Velázquez, de pensadores como Descartes, Leibniz y Newton, de las máquinas de representación del mundo (cámara oscura, etc.) , de las colonizaciones, de las cartografías, de las riquezas, del oro, de Shakespeare y su Quijote de la Mancha, de ordenamientos según un poder monárquico, etc.

En esos recorridos por ciertas ventanas aparecieron las coordenadas que organizan el conocimiento y la verdad en la modernidad. Así encontramos series discursivas antagónicas en relación a como se piensa y habita el mundo: un adentro (sujeto) y un afuera (el objeto).

Comenzamos por la ventana Estado Moderno, con un jardín de Versalles que nos muestra como un punto central organiza la visión, de que modo se conoce la naturaleza y se generan formas, de un espacio organizado y controlado que sostiene una relación de poderío. En esa ventana trajimos una cita del Leviatán de Hobbes (S VII) vinculada con el deseo de poder del hombre, de un hombre que es lobo del hombre y que en su despliegue de voluntad se olvida de su alteridad; y del mismo una cita de su texto De Cive en donde define al Estado como recurso que tiene el poder de controlar la acción de sus ciudadanos, de modo de que se replieguen y acaten lo que marca el Estado como correcto.

Estamos frente a un Estado absoluto (perfecto y con poder supremo) que beneficia a sus ciudadanos, que los contiene. Algo de esa forma de organizar el mundo lo podemos encontrar al hoy.

Podemos ver las resonancias que se producen en el despliegue de esos discursos: la reforma luterana (todos los hombre son máscara y pantomimas de dios, es el mundo como representación, como teatro). La radicalización de eso lo podemos ver en Truman Show, ese escenario armado para que el hombre viva de cierta manera (la matrix). Esa matriz discursiva genera imaginarios en nuestra actualidad.

Otra ventana es la propuesta filosófica de Descartes (el mundo es fábula). Encontramos un ordenamiento que no es original, sino que es una forma de pensar el mundo. En ese mundo el sujeto tiene que ver con lo que está dentro mío (subjetividad) y el objeto con lo que esta fuera de mi (objetividad).

Encontramos entonces en el discurso de Descartes (Reglas para el ingenio, S XVII) que el mundo es definido y entendido a partir de un método que genera un tipo de saber, de conocimiento. Y es en ese entendimiento es donde esta la verdad. Hay una construcción jerárquica de la verdad.

Ese discurso de una forma de ordenar el mundo (de categorizarlo), de una subjetividad, trae sus resonancias. Por ejemplo lo podemos ver en Valery (SXIX) y su planteo de cómo a partir del animal-máquina que encontramos en Descartes, se produce una circulación en el siglo posterior de la concepción del hombre máquina. Vemos como Descartes inaugura una concepción del sujeto como dominio del conocimiento, al conocimiento como modo de ordenar y controlar al sujeto.

Otra resonancia la podemos encontrar en la carta de Colón (1493), en esos hombres que iban a encontrarse con hombres monstruosos, pero que sin embargo se encuentran con gente de muy lindo acatamiento, que no son negras como en Guinea. Vemos como se rompen ciertas creencias que se tienen de momentos anteriores.

O la podemos encontrar en esos mapas que dan cuentan de esas cartografías de mundos, con sus cargas imaginarias. Son formas de generar un sujeto, de representarlos. Hay una producción de identidad, de cierta información.

Continuando con las ventanas, fuimos a una dimensión espiritual filosófica amplia, que denominamos laberintos espirituales, que nos habla de que no me encuentro de forma fácil con la cosa, pues es esquiva, genera obstáculos, resistencias y por eso tengo que hacer movimientos. El hombre es la cosa y tengo que someterlo

Así encontramos un Díaz Regifo (Arte poética española) con una forma de expresarse laberíntica; un mapa de Inglaterra con la forma de un León que habla del poderío de una nación; un mapa de Europa con sus imaginarios, creencias, símbolos, ideologías; con las formas poéticas de Gracián (cuestiones asombrosas de las formas de vivir que conciernen al dominio de lo espiritual) y con textos de los Jesuitas que dan cuentan de cómo se concibe al otro en esta forma de producir subjetividad (En Miguel Angel como se fijan las condiciones para controlar lo que se hace –jardines- y para marcar lo que se debe hacer -profesar la fe durante la noche-; en Padre Pedro Catalayud como a partir de la mirada se puede impactar en los sentimientos y llevar al otro a que llegue a cierto estado; en José de Cervantes se ve como hay que estar atentos a los semblantes de los confesores, y como los rostros con ciertas codificaciones pueden producir afectaciones en los otros, pueden dar información, pueden controlar.

La siguiente ventana que denominamos Vida cotidiana, Cuerpo e imagen está vinculada con ciertas formas espectaculares (que marcaban el gran momento) que se multiplican al hoy, como la articulación de lo que encontramos en un relato de Thomas Coryat (viajero del siglo XVII) sobre un calzado que usaban las mujeres de ese siglo (chapin: calzado de madera con una plataforma de gran altura, según la capa social en la que se encontraba la mujer la plataforma del chapin tenía cierta altura) con un calzado que usa hoy la mujer (habría que ver que aparece vinculado con su uso), los laberintos y sus controles, el montaje de las fuentes de Versalles.

Otra ventana la denominamos El Dios relojero: el mundo como máquina, perfecta, con sus engranajes y sus piezas. Alguien que los mueve, pero que ya no es Dios (proceso de secularización). Se abren granes discusiones teológicas. Así tenemos a Newton con su concepción del mundo (planetas y movimientos); el debate Leibniz – Samuel Clark que habla de cómo Dios no tuvo la suficiente previsión para dotar al reloj de un movimiento perpetuo, así la máquina de Dios es imperfecta; la concepción de Leibniz de mundos dentro de mundos, de mundos que se abren en los pliegues, y de mundos que están en flujo perpetuo.

Una de las resonancias la encontramos en un Deleuze que habla de Leibniz, el pliegue y el barroco, hablando del gusto por una operativa del hojaldrar, de darle vuelta a los asuntos y crear mundos en los plegamientos. Si lo pensamos en el diseño lo podemos ver cuando le damos vuelta al proyecto hasta generar otros mundos, a través de significaciones, de poéticas, de modos de habitar el mundo. También encontramos una resonancia en Paley (S XIX) cuando habla de que el mecanismo del reloj es resultado de un trabajo intencional, de que todo ser vive porque sus partes cumplen con su función pues hay un artesano hábil y poderoso, constituyéndose una identidad en relación con Dios y abriendo discusiones científicas-teológicas.

Seguidamente y para cerrar ese recorrido por citas vinculadas al Barroco (que dan cuenta de la matriz discursiva moderna y de su producción de subjetividad) fuimos a una inflexión (Ariadna, Teseo y Dionisos) a partir de la presentación de una de las versiones de ese mito griego de la mano de Giorgi Coli y en particular la acción que hace Dionisos de regalarle a Ariadna (con el -ardid- de controlarla, de ubicarla) una corona para alumbrar los lugares por los que iba, y que ella usa para iluminarle el camino a Teseo para que de muerte a su medio hermano (Minotauro-Dionisos). Cuando Teseo logra el triunfo, se la lleva a Atenas y con la corona puesta Ariadna muere flechada por Artemisa que puede ver el engaño (Ariadna-Teseo). La mujer muere, pero la toma Dionisos como esposa, participante del séquito.
Esta versión del mito deja en evidencia el sentido del conocimiento y el saber como engaño, de la sabiduría como ardid. Esa luz lleva a la vergüenza, a la sanción y a la muerte.

Episteme y lenguaje

A través de la representación se generan identidades (lógicas identitarias) que responden a ciertas formas discursivas. En la imagen de un McDonald’s (que se puede identificar como McDonald’s más allá del país en el que esté emplazado) hay algo de ese espectáculo, algo de ese artilugio, de esos enunciados que circulan en el mundo moderno. Y esos enunciados lo podemos encontrar en el ámbito del diseño, en lo proyectual.

La cuestión de la verdad: Nietzsche y Foucault

Nos preguntamos por como ubicarnos en relación a la verdad que se produce a partir de ciertas matrices discursivas. Es un ejercicio complejo porque los enunciados, los discursos están en movimiento.

El problema de la verdad en este caso lo vamos a pensar a partir de una herramienta conceptual-metodológica llamada genealogía que Nietzsche utiliza en algunos de sus trabajos y que Foucault reactualiza para hacer sus investigaciones.

Con lo genealógico para encontrarnos con el conocimiento, no vamos a ir a un origen primero, esencial, verdadero, sino a las condiciones que hacen que ciertos enunciados (ciertos saberes) aparezcan como “los” verdaderos. Pensamos por ejemplo en ese juego de verdades que hace posible que algo se consolide: un tema, un concepto, una norma, una ley.

Entonces la genealogía hace un análisis de las posibles proveniencias para mostrar en la Verdad la procedencia irracional y los procesos de racionalización retrospectivos que ofrecen a la mirada presente “lo natural”.

Al Barroco lo revisitamos y pudimos revisar algo de lo que tenemos naturalizado sobre él, trayendo de cierta modo los acontecimientos, esos discursos que sostenían la verdad en ese momento, y que nos posibilita poder encontrarnos con la verdad en la actualidad. Hicimos un rodeo para encontrarnos de otra manera con el acontecimiento, que hoy nos resuena como modo de pensamiento, como matriz discursiva.

La genealogía percibe la singularidad de los sucesos, no concibe una finalidad evolutiva. No le interesa la progresión temporal, sino el sentido histórico en relación a la matriz discursiva. Da cuenta del acontecimiento en su contexto, en un momento particular. El acontecimiento y las posibles interpretaciones del mismo abre a la interpretación con nuestra propia verdad.

Fuimos a una investigación que hace el artista uruguayo Mario D’Angelo de la pintura que hace Blanes sobre la figura del Gral. Máximo Santos. En la misma aparecen elementos que hablan de una operativa trascendentalista: plasmar la figura de Santos en un escenario trascendental (de poder, magnanimidad, el lugar del héroe). Sin embargo la imagen de Santos en la barbería (en un pequeño acto de cirugía) nos muestra otra cosa, una composición de otra orden, otra operativa: un momento de vulnerabilidad.

La genealogía no marca procedencias para predecir un futuro, para proyectar futruros. Da cuenta de singularidades, de aconteceres cotidianos.

Así vemos como la operativa Blanes deshistoriza, silencia lo que puede ser dicho y pensado, tiene que ver con lo trascendental, inventa un pasado hacia el pasado y hacia el futuro.

Lo genealógico en su búsqueda de lo singular hace una operativa de des-trascendentalizar ese hálito de héroe. Así se encuentra con aquello que rompe con lo naturalizado, lo pone en el lugar de lo humano, de la finitud. De ese modo el recurso metafísico es roto por lo genealógico.

Por otra parte la genealogía nos permite encontrar los escenarios de luchas para desnaturalizarlos de la historia de las verdades. La verdad, que no es una verdad en mayúsculas, está en relación con un juego de verdades, Aparece un sujeto sujetado a lo económico, a lo político, etc. (credencial, ficha médica, etc.)

En ese sentido somos en un juego de parentescos. El sujeto emerge de los juegos de verdades. Y las técnicas disciplinares nos hacen hablar de cierto modo del mundo. ¿qué puedo decir francamente en un mundo de codificaciones? ¿A que precio puedo decir mi verdad? Vemos como la producción de verdad se da en un marco contextual, de relaciones saber-poder.

Resumiendo

Comenzamos con la noción de episteme para encontrarnos con esa matriz discursiva moderna, que produce ciertas subjetividades, ciertos mundos. Luego fuimos a la noción de paradigma epocal para ver como es que aparece lo moderno irrumpiendo en ese mundo pre-moderno y como es puesto en tensión desde mundos pos-tardo-sobre-modernos. Después fuimos al discurso moderno a través de un recorrido por el abordaje de Warburg y citas vinculadas al Barroco, para poder encontrarnos con las matrices discursivas que nos producen como sujetos, Y cerramos con la cuestión de la verdad pensada a través del abordaje genealógico, que a su vez nos posibilita poder encontrarnos con las condiciones que hacen que nos constituyamos como sujetos de lenguaje, como sujetos emergentes en ciertos juegos de verdad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Publicado por | 29 de agosto de 2017 - 16:10 | Actualizado: 10 de agosto de 2018 - 22:43 | [pdf]PDF[/pdf]

Deja una respuesta

Debes identificarte para comentar.