Casa de Eladio Dieste

Esta casa, vivienda de su autor, está emplazada en un terreno de 12 x 50 m orientado en dirección N. NO.- S. SE., que por el Sur mira al mar y que tiene hacia éste una pendiente del 10% . Hacia el Sur, y después de la calle a que da el terreno, hay un fuerte desnivel, de modo que desde la casa se tiene una magnífica vista al mar.

La vivienda debía albergar una familia formada por los padres, once niños y una empleada. La solución buscada a la planta tuvo en cuenta varias intenciones principales que procuraremos enumerar, sin que el orden suponga jerarquía, sino solo ordenación expositiva:

1- Dar a la casa buenas vistas hacia el mar.
2- Hacerlo, sin embargo, no volcándola hacia afuera sino guardando su intimidad y recogimiento.
3- Orientar bien, en lo posible, todas las habitaciones: al norte o al noreste.
4- Multiplicar los sitios de estar de modo de dar a sus moradores variedad de posibilidades de relacionarse y a la vez de tener el grado de independencia que pudieran desear en algún momento. Esto me ha hecho preferir, por ejemplo, un estar algo complejo, formado de comedor, estar común y estar estudio, a la vez comunicados e independientes, antes que la solución de una sola gran habitación con zonas caracterizadas por los muebles.

5- Buscar que los ambientes den a espacios exteriores que los prolonguen, de manera que sin una gran área edificada, y por lo tanto a bajo costo, se tenga una sensación de amplitud y nobleza.

6- Buscar que, además del paisaje natural y del que crea la arquitectura, sea también rico el pasaje humano, o sea que unos a otros se vean en los distintos ambientes los que viven en la casa. Me parece que esto, en general, se tiene poco en cuenta. Nos preocupamos de que los que han de habitar las viviendas que construimos vean los árboles, el mar, las estrellas, pero olvidamos a veces que el hombre es más que el mar y las estrellas, que si estamos sanos nada deseamos tanto como el vernos los unos a los otros, y que es viéndonos que de veras vemos el mar y las estrellas.

7- Abrir los ambientes al exterior, pero con medida. Creo que tendemos a abusar del vidrio. Teniendo en cuenta nuestras necesidades materiales, racionalmente resueltas no creo que esto se justifique en ningún clima y tampoco en el nuestro, bien destemplado, pese a que las temperaturas extremas no son severas. Olvidamos a veces cuanto se encarece el acondicionamiento interior al aumentar las superficies encristaladas. Además, y esto es aún más importante, se suele perder, en las viviendas en que se exagera el número y tamaño de los vanos, la ancestral sensación de abrigo que da y debe dar la casa. No es agradable ni prácticamente cómodo estar detrás de las enormes ventanas tan en uso cuando ruge afuera uno de nuestros largos temporales de invierno, con helados vientos huracanados de más de 100 km/h. Creo que detrás de ese gusto por las paredes de cristal está el error de confundir lo indefinido con lo infinito. La grandeza y el misterio del mundo se sienten mucho más (recordemos nuestra niñez) al lado de una ventana pequeña que nos permite centrar nuestra atención y percibir como en un relámpago de asombro el “más allá”, sustancia de esa grandeza y ese misterio. Tan infinita es una gota de agua como el firmamento.

8- Por eso hay en la casa varias pequeñas ventanas cuyo sentido los niños han apreciado enseguida. En otros casos, como en las dos ventanas alineadas que dan al sur (una sobre la caja de escalera y la otra en la fachada), la sucesión de espacios interiores y exteriores, con el mar como fondo, dan realmente una suerte de medida del espacio de sorprendente elocuencia. Otras pequeñas ventanas, cerradas a veces con vidrios de colores, tienen, aparte del misterio del color mismo, el propósito de enfatizar el fluir de las estaciones y del tiempo, pasa por ellas el sol en invierno y da manchas coloreadas en el piso y las paredes, que no solo se mueven a lo largo del día, sino que cambian diariamente.

9- Usar en lo posible las formas naturales de acondicionamiento: los aleros, las enredaderas de hoja caduca y los árboles. Al norte y frente al estar principal por ejemplo, se ha construido una pérgola con una bóveda calada de ladrillo, cubierta con enredaderas de hoja caduca que dan sombra en verano y dejan pasar el sol en invierno.

10- Dada la distribución de los niños por sexos y edades (cuatro niños mayores entre 17 y 14 años, dos niñas de 12 y 11 años, tres niños de 8 a 10 años y dos niñas pequeñas) se necesitaba, sin contar el de servicio, con un mínimo de cuatro dormitorios que no cabían en el ancho del terreno. Se llevó el dormitorio de los cuatro niños mayores a la planta baja, iluminándolo por un patio inglés. Otras soluciones posibles, como hubiera sido llevar este dormitorio a una planta alta, eran más complicadas de funcionamiento y hubieran quitado escala a la casa, sobre todo a las fachadas interiores que da a los patios.

11- Los juegos de niveles a que se fue llegando por razones funcionales se aceptaron y se fijaron en definitiva procurando usarlos como medio expresivo. Como todo arte, la arquitectura nos ayuda a contemplar. La vida va gastando nuestra capacidad de sorpresa y la sorpresa es el principio de una visión verdadera del mundo. Esto es desde luego muy sabido, pero fui el primer sorprendido al darme cuenta de como los juegos de niveles me hacían ver de nuevo las cosas y seres que veía sin ver.

12- Utilizando el desnivel del terreno se desarrolló toda la planta principal prácticamente a un solo nivel, ya que la diferencia de éste entre unas y otras zonas es de tres escalones. No se decidió esta planta en un solo nivel, que hubiera debido ser el superior, para no quitar luz al patio central, que debía quedar bajo para no enterrar demasiado el dormitorio de planta baja.

Estructura

Toda la construcción (paredes, entrepisos, escaleras y bóvedas) es de ladrillo. Este me parece en nuestro medio el material ideal para una vivienda, su higroscopicidad y su baja conductividad lo hacen muy aconsejable técnicamente. Obtener con otros materiales una calidad igual es mucho más caro, o menos durable. Al exterior el ladrillo se dejó “a la vista” y en el interior se pintó con blanco de cal, dejándose visto en las bóvedas. Los muros son algo más anchos que lo corriente (40 o 50 cm según los casos). Estos anchos permitieron alojar en el espesor del muro las cortinas de enrollar, y donde 3 son necesarios se usaron para nichos bibliotecas o armarios.

Los entrepisos y escaleras se han prefabricado con la sola excepción de la losa sobre el dormitorio de planta baja, muy cargada, que obligó a usar armaduras cruzadas, no permitiendo una prefabricación fácil. Las bóvedas son autoportantes de cerámica, pero se hicieron con molde móvil de pequeñas dimensiones. Las partes planas de la cubierta (con apuntalamientos provisorios para absorber las cargas verticales) se usaron como vigas horizontales que, durante la construcción, resistían los empujes de la bóveda, o la diferencia de empujes, como en el caso de las dos bóvedas desiguales de estar y comedor. Entre las hiladas de ladrillo se dejaba la armadura necesaria para que la bóveda pudiera trabajar como autoportante. Después de terminada la parte de ladrillo, se hizo sobre éste una capa de mortero de arena y portland con una malla electrosoldada para control de pequeñas fisuras de temperatura o retracción de fraguado. En estas condiciones la cubierta no necesita impermeabilización. Sobre la arena y portland se puso cuna capa de aislación térmica y finalmente una de protección, de tejuela.

El precio de la construcción ha sido muy bajo si se tiene en cuenta el nivel de calidad obtenido. Conclusiones He observado en muchos técnicos una cierta repugnancia de principio al uso del ladrillo que les parece un material ligado a la artesanía y a métodos de trabajo superados. Mucho habría que decir sobre esto atacando a fondo los problemas incluso sociales y filosóficos que esta actitud supone. Baste aquí decir que es muy difícil, por razones estrictamente racionales de economía en la construcción, calidad de acondicionamiento obtenido y de terminación, hacer una vivienda del tipo de la que nos ocupa con un material que sea más adecuado que el ladrillo a las condiciones industriales de una sociedad como la nuestra. Materiales Paredes, entrepisos, escaleras, bóvedas: ladrillo. Cubierta: ladrillo de campo.

Memoria descriptiva escrita por Dieste y publicada en la revista FORMAS - Cerámicos II, Nº 5, octubre de 1982, pp. 104-109